Comparación de la política criminal de persecución penal y carcelaria de El Salvador y la de Costa Rica.

    La política criminal de El Salvador y Costa Rica se ha desarrollado en contextos diferentes, lo que ha generado enfoques contrastantes tanto en la persecución penal como en las políticas carcelarias. Aunque ambos países comparten ciertas similitudes debido a su ubicación en América Central, la violencia y las amenazas que enfrentan, las respuestas del sistema judicial y penitenciario son sustancialmente distintas. El Salvador ha adoptado un enfoque más punitivo, mientras que Costa Rica ha privilegiado una política de derechos humanos y rehabilitación en su sistema penal.

    En El Salvador, la creciente violencia de las pandillas ha sido un factor determinante para la adopción de políticas criminales extremadamente severas. La mano dura ha caracterizado el enfoque del gobierno, lo que se ha reflejado en leyes como la Ley Antimaras, que permite la criminalización de la pertenencia a organizaciones delictivas, sin que se necesite la comisión de un delito específico. La persecución penal en El Salvador, por tanto, se ha centrado más en la represión que en la rehabilitación, con un uso intensivo de la cárcel como herramienta para lidiar con la criminalidad. Este enfoque ha sido ampliamente criticado por organizaciones internacionales, que señalan que estas políticas contribuyen al hacinamiento y las malas condiciones dentro de las cárceles, además de ser acusadas de vulnerar derechos humanos básicos, como la presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo.

    Por otro lado, Costa Rica ha seguido una trayectoria diferente en cuanto a su política criminal, basando su sistema de justicia en principios garantistas. Si bien el país enfrenta problemas de delincuencia, la respuesta ha sido más orientada a la prevención y la rehabilitación que a la represión severa. El sistema penal costarricense busca equilibrar la protección de los derechos de los individuos con la necesidad de mantener el orden y la seguridad. Así, las penas y las políticas de encarcelamiento en Costa Rica son más proporcionales y orientadas a la reintegración social de los reclusos. La implementación de programas de rehabilitación y reinserción, como la educación y el trabajo dentro de las cárceles, refleja un enfoque que favorece la reintegración de los reclusos a la sociedad, en lugar de centrarse exclusivamente en el castigo.

    El sistema penitenciario en El Salvador enfrenta una grave crisis debido al hacinamiento extremo en sus cárceles. Las condiciones son deficientes, con denuncias de tortura, malos tratos y control de las pandillas dentro de los centros de reclusión. Las prisiones se han convertido en focos de violencia, lo que ha llevado a las autoridades a implementar un régimen de máxima seguridad para los líderes de las pandillas. Sin embargo, esta respuesta ha generado un círculo vicioso de violencia y represión que no ha logrado abordar las causas estructurales de la criminalidad. La creación de cárceles de máxima seguridad ha sido vista como una medida de aislamiento, pero no ha sido suficiente para mejorar las condiciones del sistema penitenciario en su conjunto.

    En Costa Rica, aunque el sistema penitenciario también enfrenta retos significativos, como el hacinamiento y la falta de recursos, las condiciones de las prisiones son generalmente mejores que en El Salvador. El país ha buscado implementar reformas para mejorar la infraestructura penitenciaria, y ha trabajado en la introducción de alternativas a la prisión, como la libertad condicional y las penas no privativas de libertad, con el fin de reducir la sobrepoblación carcelaria. Además, el sistema penitenciario costarricense ha hecho esfuerzos significativos para ofrecer programas de rehabilitación y educación dentro de las cárceles, lo que refleja una visión de la pena como una herramienta para la reinserción social, más que como un simple castigo.

Enlace sobre información del tema

https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1659-38202024000100134

    En términos de seguridad, El Salvador ha adoptado una política militarizada de lucha contra el crimen, como el Plan Control Territorial, que involucra al ejército en tareas de patrullaje y combate a las pandillas. Esta estrategia ha sido criticada por organizaciones de derechos humanos, ya que ha aumentado los abusos y las violaciones de los derechos de los ciudadanos. La violencia generada por las pandillas ha llevado a una escalada de medidas extremas, lo que ha incluido la ampliación de las facultades de las fuerzas de seguridad y la militarización de la policía. Esta estrategia ha tenido efectos disuasivos, pero ha creado un ambiente de temor e inseguridad en la población.

    Costa Rica ha adoptado un enfoque de seguridad más orientado a la prevención, priorizando la reducción de factores sociales que fomentan la delincuencia, como la pobreza y la exclusión. Aunque el país ha incrementado la presencia policial en las zonas más afectadas por la violencia, no ha optado por una estrategia militarizada como la de El Salvador. Costa Rica se ha enfocado en políticas públicas de prevención, programas sociales y la promoción de la paz, buscando fortalecer las estructuras comunitarias y la integración social para reducir los índices de criminalidad a largo plazo.

    El enfoque de derechos humanos también varía notablemente entre ambos países. Obando (2024) lo explica,  La dicotomía entre estas dos naciones vecinas destaca la complejidad inherente a la gestión de la seguridad pública y subraya la importancia de estrategias que no solo busquen la contención de la violencia, sino también la preservación de los derechos fundamentales y la estabilidad social a largo plazo. (parr. 19). 

    El Salvador ha sido señalado por organismos internacionales por la violación de los derechos humanos de los detenidos, especialmente en lo que respecta a la sobrepoblación carcelaria y el tratamiento inadecuado de los reclusos. Las denuncias de tortura, malos tratos y el uso de medidas extremas como el confinamiento solitario son comunes. Las políticas de represión no solo afectan a los delincuentes, sino que también incrementan la vulnerabilidad de sectores ya marginados de la sociedad. En Costa Rica, aunque existen retos relacionados con el hacinamiento y la falta de recursos en las cárceles, el país ha mantenido un compromiso con los derechos humanos. Las reformas penitenciarias buscan mejorar las condiciones dentro de las prisiones y garantizar que los reclusos reciban un trato digno, siguiendo los estándares internacionales de derechos humanos.

    En cuanto a las interacciones más recientes entre estos dos países en temas de política criminal y penitenciaria, se observa una tendencia creciente de intercambio de experiencias y la posibilidad de aprender de las políticas de cada uno:

  • Intercambio de buenas prácticas: Costa Rica ha mostrado interés en aprender de las políticas penitenciarias más humanitarias y rehabilitadoras de El Salvador, a pesar de las diferencias en enfoque. En ocasiones, los funcionarios de Costa Rica han observado las estrategias de seguridad y rehabilitación utilizadas en El Salvador, en particular el fortalecimiento de los programas de control dentro de las cárceles para prevenir las pandillas.

  • Lecciones de derechos humanos: Por otro lado, El Salvador ha enfrentado críticas internacionales por las condiciones de su sistema penitenciario y su enfoque de mano dura. Costa Rica, debido a su énfasis en los derechos humanos, sigue siendo un modelo en América Central por su insistencia en evitar políticas represivas extremas y abogar por la rehabilitación. En este sentido, Costa Rica ha continuado defendiendo el respeto a los derechos de los reclusos y promoviendo el fortalecimiento de los mecanismos de justicia restaurativa.

  • Cooperación en seguridad regional: Ambos países participan activamente en foros y acuerdos internacionales sobre seguridad y lucha contra el crimen organizado, pero mientras que El Salvador prioriza el uso de la fuerza y el endurecimiento de las penas, Costa Rica se enfoca en la construcción de una política regional de prevención del delito y cooperación entre las naciones para mejorar la seguridad sin sacrificar los derechos humanos.

    Noticia sobre lo anterior dicho

https://www.swissinfo.ch/spa/bukele-alerta-a-costa-rica-de-%22s%C3%ADntomas%22-de-criminalidad-y-sugiere-reformas-a-las-c%C3%A1rceles/88119329

    Aunque El Salvador y Costa Rica tienen enfoques diferentes hacia la persecución penal y carcelaria, ambos países continúan interactuando y aprendiendo mutuamente. Costa Rica tiende a promover enfoques más humanitarios y rehabilitadores, mientras que El Salvador ha adoptado un enfoque más punitivo debido a la complejidad de sus problemas de violencia y crimen organizado. Sin embargo, las interacciones recientes revelan que ambos países buscan mejorar sus políticas y aprender unos de otros para lograr una seguridad más efectiva y respetuosa con los derechos humanos.


Referencias bibliográficas 

Aparicio, J. (s.f). ¿Qué es una política criminal? y ¿Cómo se elaboran una política criminal y un paln director de política criminal?. file:///C:/Users/glend/OneDrive/Pictures/Qu%C3%A9%20es%20una%20Pol%C3%ADtica%20Criminal%20(2).pdf

Borja, E. (2003). Sobre el concepto de plítica criminal. Valencia, España. file:///C:/Users/glend/OneDrive/Pictures/El%20Concepto%20De%20Politica%20Criminal%20(3).pdf

Chirinos, Á & Martínez, R. (2015). Estudios de política criminal y derecho penal. Perú. file:///C:/Users/glend/OneDrive/Pictures/Politica%20criminal%20y%20derecho%20penal%20(1).pdf

Obando, M. (2024). Violencia e inseguridad social en El Salvador y Costa Rica: un análisis comparativo de las políticas públicas de N. Bukele y R. Chaves. Cartago, Costa Rica. https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1659-38202024000100134

Prieto, M. (s.f). Fines de la Política Criminal. file:///C:/Users/glend/OneDrive/Pictures/Fines%20de%20la%20Politica%20Criminal%20(3).pdf


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Que elementos debe contener una correcta política criminal estatal. Importante indicar las diferentes instituciones que generan políticas criminales en el país y su campo de acción (preventivo, persecución penal, penitenciario, etc).